
Es un auténtico trabajo de jardinería tener una piscina natural limpia; una labor sencilla, agradable y que no requiere mucho tiempo. Los posibles mosquitos dejan de ser un problema pues son los propios depredadores –ranas, pájaros y murciélagos– los que se encargan de tenerlos a raya. Incluso existen sistemas de limpieza automáticos de forma que sólo hay que limpiarla tres veces al año: la primera semana de abril, en julio y en septiembre.
La ventaja de su fácil mantenimiento es destacada ya que no hay que cambiar el agua -sólo reponer la que se evapora-, su limpieza sin productos químicos, su disfrute todo el año porque en invierno parece un estanque... Evitando el inconveniente del mantenimiento que encuentran los propietarios de una piscina tradicional: Regulación del pH, la adición de productos químicos que irritan piel, mucosas y ojos, el ruido que provoca la depuradora funcionando constantemente, la limpieza del fondo.
TAREAS DE MANTENIMIENTO
En verano, en los días calurosos, hay que rellenar la piscina para que las plantas de los borde sigan recibiendo su aporte de agua.
En otoño es necesario recoger las hojas secas que caigan al agua.
En invierno existe el problema de congelación y las nevadas. Este problema se puede atajar con un pequeño rompehielos.